18.10.15

Me enojo conmigo porque no me entiendo. 
Me digo un montón de cosas y sé que tengo razón.
Pero después no me escucho y cuando me sale el tiro por la culata es como un enorme y auto-te-lo-dije (y viste que cuando alguien te dice eso te lo querés comer crudo, ¿no?)
Me invento culpas inexistentes y después me desligo de ellas. Me perdono.
Me busco en el espejo pero estoy tan lejos de mí que no alcanzo a ver mi esencia. "Alejate de mí", me digo.
Me convenzo de que el corazón se reconstruye y segundos más tarde me retruco con que "me chupa un huevo ahora, falta mucho para eso".
Me peleo conmigo, después me reconcilio, tengo que estar bien conmigo en los malos tragos. 
Me vuelvo a putear por haber tenido ese y tantos pensamientos tan lejanos de ser acertados.
Me busco también en mis cuadernos pero escribir es escribirme y escribirme es terminar de nuevo queriendo cruzarme conmigo misma en una esquina,
para meterme un cachetazo y repetirme, aunque me duela,
te lo dije.


(Tal vez, y sólo tal vez, debería cenar antes del Fernet la próxima)